DEFICIENCIA INTELECTUAL
La discapacidad intelectual o
discapacidad cognitiva es una anomalía en proceso de aprendizaje entendida como
la adquisición lenta e incompleta de las habilidades cognitivas durante el
desarrollo humano que conduce finalmente a limitaciones sustanciales en el
desarrollo corriente.1 Se caracteriza por un funcionamiento intelectual
significativamente inferior a la media, que tiene lugar junto a limitaciones
asociadas en dos o más de las siguientes áreas de habilidades adaptativas:
comunicación, cuidado personal, vida en el hogar, habilidades sociales,
utilización de la comunidad, autogobierno, salud y seguridad, habilidades
académicas funcionales, ocio y trabajo.
Se denomina así a las personas que
transitan la “etapa educable” son alrededor del 85% de las personas afectadas
por el trastorno. Suelen desarrollar habilidades sociales y de comunicación
durante los años preescolares (0-5 años de edad), tienen insuficiencias mínimas
en las áreas sensorio motoras y con frecuencia no se diferencian de otros niños
sin discapacidad cognitiva hasta edades posteriores. Adquieren habilidades
sociales y laborales adecuadas para una autonomía mínima, pero pueden necesitar
supervisión, orientación y asistencia, especialmente en situaciones de estrés
social o económico desusado. Contando con apoyos adecuados, los sujetos con
discapacidad cognitiva leve viven sin inconvenientes en la comunidad, sea
independientemente, sea en establecimientos supervisados.
Discapacidad cognitiva moderada CI
35-40 a 50-55.
La discapacidad cognitiva moderada
equivale aproximadamente a la categoría pedagógica de «adiestrable». Este grupo
constituye alrededor del 10 % de toda la población con discapacidad cognitiva.
Adquieren habilidades de comunicación durante los primeros años de la niñez.
Adquieren una formación laboral y, con supervisión moderada, pueden adquirir
destrezas para su propio cuidado personal. También pueden beneficiarse de
adiestramiento en habilidades sociales y laborales, pero es improbable que
progresen más allá de un segundo nivel en materias escolares. Pueden aprender a
trasladarse independientemente por lugares que les son familiares. En su
mayoría son capaces de realizar trabajos no cualificados o semicualificados,
siempre con supervisión, en talleres protegidos o en el mercado general del
trabajo. Se adaptan bien a la vida en comunidad, usualmente en instituciones
con supervisión.
Discapacidad cognitiva grave CI
20-25 a 35-40.
Incluye el 3-4 % de los individuos
con discapacidad cognitiva. Durante los primeros años de la niñez la
adquisición de un lenguaje comunicativo es escasa o nula. Durante la edad
escolar pueden aprender a hablar y pueden ser adiestrados en habilidades
elementales de cuidado personal. Se benefician sólo limitadamente de la
enseñanza de materias pre académicas como la familiaridad con el alfabeto y el
cálculo simple, pero pueden dominar ciertas habilidades como el aprendizaje de
la lectura global de algunas palabras imprescindibles para su autonomía e
independencia. Los adultos pueden ser capaces de realizar tareas simples
estrechamente supervisadas en instituciones. En su mayoría se adaptan bien a la
vida en la comunidad a no ser que sufran alguna discapacidad asociada que
requiera cuidados especializados o cualquier otro tipo de asistencia.
Discapacidad cognitiva profunda CI
20-25.
Incluye aproximadamente en el
1%-2% de las personas con discapacidad cognitiva. La mayoría de los individuos
con este diagnóstico presentan una enfermedad neurológica identificada que
explica su discapacidad intelectual. Durante los primeros años desarrollan
considerables alteraciones del funcionamiento sensorio motor. Puede predecirse
un desarrollo óptimo en un ambiente altamente estructurado con ayudas y
supervisión constantes, así como con una relación individualizada con el
educador. El desarrollo motor y las habilidades para la comunicación y el
cuidado personal pueden mejorar si se les somete a un adiestramiento adecuado.
Algunos de ellos llegan a realizar tareas simples en instituciones protegidas y
estrechamente supervisados.
Discapacidad cognitiva de gravedad
no especificada. Se utiliza cuando existe claridad sobre la discapacidad, pero
no es posible verificar mediante los test.
Dependiendo del nivel de gravedad
del discapacidad cognitiva, el sujeto se puede «educar» y capacitar para que
aprenda a vivir en la sociedad; puede dominar ciertas habilidades de lectura
global (señalizaciónes de tránsito, por ejemplo: "STOP"), puede
trasladarse a lugares desconocidos o familiares, puede aprender un oficio y
trabajar en él, siempre y cuando la sociedad le dé la oportunidad de hacerlo.
La discapacidad cognitiva, en la
escala de medición de la inteligencia está por debajo de 70 de CI (cociente
intelectual) Es la contraparte al otro extremo de la inteligencia, que es la
superdotación, esta se encuentra por arriba de 130 de CI
El alumno con discapacidad
En cuanto al alumno con niveles
mentales por debajo de la media significativos debemos hacer unas
consideraciones especiales. Tarde o temprano el chico deficiente se da cuenta
de que sus límites son diferentes, y las metas que puede alcanzar están por
debajo de las del resto de la gente. Llegados a este momento la autoestima del
alumno puede, y suele, reducirse. El chico se siente inútil, no podrá
desarrollar una serie de funciones o actividades comunes para el resto de la
gente, o le costarán más; entonces, es consciente de ello y se hunde, piensa
que no sirve para nada. Ante estos casos el entorno de la familia y la escuela
debe actuar con rapidez y profesionalidad. Las terapias y charlas que informan
a los niños acerca de sus capacidades y el alcance de estas resultan muy
interesantes y pueden ser realmente fructíferas. Debemos hacer saber al alumno
que con tiempo, ayuda y constancia, podrá llegar a realizar actividades
cotidianas sin mayor esfuerzo (resulta primordial señalar que el grado de
deficiencia debe tenerse muy en cuenta en este aspecto para conocer las
posibilidades y limitaciones). No obstante, la práctica puede resultar mucho
más interesante y beneficiosa. Debemos proponer actividades que el chico pueda
realizar, así como otras que le cuesten más para ir avanzando y trabajar la
superación, teniendo especial delicadeza con la posible frustración. Mediante
trabajos del día a día el alumno debe ser consciente de que puede realizar
funciones que le permiten llevar una vida más o menos normal; teniendo siempre
presente la cuestión de los distintos grados de deficiencia. No obstante,
independientemente de cada caso, se puede llevar a cabo una labor de
crecimiento de la autoestima favorable.
Por otra parte, es significativo
que se potencie y anime al alumno a realizar ciertas actividades en las que
podría destacar; nos gusta que nuestros padres y profesores se interesen por
nuestras aficiones, intereses, proyectos, ilusiones… Alabando cuando las cosas
salen bien, y empleando adecuada y delicadamente las malas críticas, siempre de
la mano de la motivación y de la vista de una mejora futura, para no retroceder
en esta labor.
Todos somos iguales, todos somos
distintos. Cada persona es importante en su esencia, independientemente de su
estado físico o psíquico. Resulta esencial que nos aceptemos y queramos para
poder llevar a cabo una vida óptima y feliz. En esta labor, muchas veces se
necesita ayuda del exterior, y es ahí donde los padres y profesores entran en
juego para facilitar la llegada a la cumbre de la autoestima: me siento bien,
estoy contento.
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